Llegado aquél momento tuvo que sentarse,... respirar... dejar fluir las lágrimas y volver a respirar. Comprendió que siempre, al fin y al cabo, existe para todo un punto y final. Y aunque no había pedido aún el suyo, se obligó a enfrentarlo como pudo, intentando llevarlo con la mayor dignidad. Se sorprendió a solas, despidiéndose de quien amaba, procurando dejar un buen recuerdo y aferrándose con sus dedos a una mísera serenidad... Sintió que se le escapaba el tiempo... y sintió las ansias de beberse el mundo, de frenarlo en un instante y volverlo a caminar...
Afortunadamente, el universo escuchó su lamento... y generoso esta vez el tiempo, le concedió una segunda oportunidad.